SUBURBIA BOOKS

viernes, 23 de septiembre de 2022

DESTIEMPO (Caracas 2002, Sheikong)

 


En una tarde fría, la vieja cafetería estaba atestada de gente y el ruido era ensordecedor, corría el mes de diciembre y la celebración navideña con sus ofertas y platillos alborotaban al vecindario. En una mesa del fondo ellos estaban por vivir un momento más, en el mismo sitio, el mismo café pero con diferente propósito, ya no hay nada más que decir y en este punto sólo una cosa puede suceder.  Él no la miraba a la cara pues sabía para qué fue citado allí, los nervios le llevaban a chasquear en ambas manos con sus índices y pulgares, lo hacía coordinado como si al hacerlo pudiera detener el tiempo o cambiar su destino. Una vieja costumbre que nunca dio resultado.

-Esta es la conversación que tanto evitaste ¿Recuerdas?

-La esperaba, pero... ¿Debe ser ahora?

-Lo he pensado tanto y creo que es lo mejor para todos.

-Sé lo que vas a decir, ahórratelo y ahórrame la vergüenza, ni sabré como despedirme.

-No digas eso, sabes que te quiero, ¿Lo sabes…verdad?

-Me quieres pero no soy suficiente, yo prefiero no hablar de esto, si puedes envíame un correo en unos meses, un día lo leeré y así estará bien.

-Tú eres lo que toda mujer sueña, alguien maravilloso, lo digo en serio.

-Hoy no me interesa escuchar eso, prefiero hacerme un lugar a tu lado.

-Pero tu sabías las condiciones cuando nos conocimos, nunca te lo oculté, lo sabias.

-Sí, así es. ¿Cómo negarlo?

-Te falta poco, cuando puedas ofrecer estabilidad tendrás a quien quieras.

-Me causa gracia eso, la que no sabe algo eres tú: Te aprecio profundamente.

-Lo sé, no tienes que decírmelo, ya me lo has demostrado, pero debo buscar lo mejor, cautivas de entrada, pero acá nos separamos. Además no puedo perder el tiempo. Por cierto ¿Qué tanto necesitabas para sentirte bien?  ¿Para sentirte querido?

-Si me haces esas preguntas es que no has entendido.

-Sólo quería saberlo, sólo eso.

-¿Allá te cuidan?

-No preguntes eso, todo es maravilloso. Estoy honrada de verdad. Estás siempre tan pendiente de cuidarme, me siento tan protegida cuando estas cerca.

-Pero volvemos al mismo punto, no tengo lo que se requiere, dímelo.

-Al menos no en mi caso, como quisiera haberte conocido hace unos años o en otra situación, todo sería tan diferente, me tendrías para tí.

-Claro, y para concluir ¿Qué me dirás?

-Que te extrañaré cada mañana, tus mensajes, tus ganas, tu admiración, todo aquello que creí nunca merecer.

-Voy a extrañar tu café y tus locuras, muchísimo.

-Lo sé, eres la única persona que ama mi café, sé que hay mejores pero como nunca has sido objetivo, lo tolero.

-Ahora peco de poco objetivo, te he amado como nadie y yo pensé que lo entendías.

-Por favor, no volvamos a ese punto, quiero seguir contando contigo, eres muy importante en mi vida, quiero que estés.

-¿Qué debo hacer ahora? ¿Agradecerte el gesto?

-Sigue tu vida, alguna afortunada se va a tropezar contigo y sentiré un gusto, también envidia por cierto.

-Eso ya sucedió y mira como resultó.

"En lo que creemos es amor hay un tiempo que peca de hermoso justo al comienzo, cuando nos maravillan todos los detalles, lo que hace y deja de hacer, lo que dice y lo que calla, lo que oculta para no horrorizarnos. Así deberían permanecer congelados los amores, en su etapa temprana, pueril, incauta. Daríamos la vida si fuese preciso y de hecho lo hacemos en una suerte de desgaste que no advertimos y que no podemos detener. Todo lo demás depende del mundo y su insanidad, sus reglas, formas y maneras. Erramos al no permear nuestro amor intranquilo antes los embates de lo formal, pero al final de cuentas ¿Quién adivina el futuro? En esos momentos tan intensos, nos lanzaríamos por un acantilado tomados de la mano sin pestañear ¿O no?"

-Debo irme ya, no quiero llorar o seguir hablando acerca del mismo tema ¿Si?

-Claro, pero ¿Te puedo pedir un último favor?

-Que dramático como siempre, pero sí, cuéntame.

-Permite que yo salga primero, si te veo ir no sabría ni cómo resolverlo, por favor.

-Te puedo llevar, si gustas,estamos cerca y parece que va a llover, siempre llueve a esta hora por las tardes.

-Gracias, pero prefiero caminar.

-No te victimices, acá no ha sucedido nada...¿O acaso si?

-¿Qué hago yo con eso? Para mí ha sucedido todo y me voy con las manos vacías.

-Si lo quieres ver así, hay cosas que no puedo cambiar.

-¿Nunca te han querido de verdad? ¿Es eso?

-No estoy segura, creo que sí. Y he disfrutado mucho, todo dentro de lo esperado y no me molesta, he dado y he recibido, ya nada me sorprende de la humanidad.

-Será mi consuelo entonces.

-Será.

FIN

martes, 20 de septiembre de 2022

EL VIEJO SE NOS FUE…CUÑAO -Caracas, 2022, Sheikong-

 


El mes de abril siempre ha sido complicado para mí. Aquella noche del veintiocho del año 94 se quedó en mi mente para siempre, grabada con la pluma del dolor y la poca sorpresa, dibujada a pulso con la tinta indeleble de los hechos juveniles. Llegaba yo de pasar el rato con los amigos, caminando por el aún interesante Boulevard de Sabana Grande con todas sus tiendas plagadas de gente y sus artesanos, con sus piezas labradas, pulseras, collares, pucas y el olor a incienso variando de un puesto a otro, de vainilla a rosas con miel y de pino a sándalo.

Estando a metros de mi edificio recuerdo la feroz pelea que protagonicé noches atrás, antagonizando con Walter, un vigilante de origen peruano que al verme llegar ebrio trató de impedir mi paso y no contento con eso, alzó su queja con la junta de condominio cual vieja chismosa.

Mientras me acercaba a subir los ocho escalones de la entrada, iba preparando el argumento para atacarlo, esta vez no se iba a librar tan fácil de mí y justo al entrar me voy contra el sin mediar palabra, pero algo en su rostro me detuvo, su tono de voz era otro e iba muy de acuerdo con su cara de espanto.

-A su papá se lo llevaron al hospital, se puso muy mal. Me pidieron que le dijera que pase por El Llanito, allí están desde temprano-Me habló como quien siente pena al dar un recado o como quien ve a un enemigo desgraciado-

Yo sabía muy bien de que me hablaba aquel hombre, odiado hasta hace unos segundos y portador de muy malas noticias ahora. Congelado por lo que esto significaba, solo atiné a agradecerle el gesto y le di la espalda, caminé unos cuantos pasos y me detuve a pensar.

A mi padre le habían diagnosticado cáncer hacía un par de años, un agotamiento inusitado había prendido las alarmas que lo llevaron a chequearse y a dar con el nefasto resultado. En pocos meses ya los químicos recorrían su cuerpo con la esperanza de erradicar el mal y poner orden a la anarquía de sus células. No dio resultado, así como todas las hierbas, macumbas y tratamientos que le aplicamos. Igual que la operación de fatuo resultado que solo agregó más dolor al dolor.

Siempre fue un hombre fuerte, de campo, alimentado con berros, leche fresca y todo aquello que la tierra le obsequiara, era mi héroe porque su brazos eran tan fuertes y formados como los de los superhéroes que admiraba en la televisión, tocaba el cuatro con virtuosismo, su caligrafía forjada en el seminario era una delicia al igual que sus conocimientos acerca de todo, era de esos que arreglaba todo y lo hacía bien.

Costaba creer que ahora era un reducto de ser humano, pesaba menos que un niño y su rostro era una calavera dibujada sobre el recuerdo de sus expresiones pasadas. Ya no comía, ni masticaba, su único alimento era agua a través de un gotero y el oxígeno que lo mantenía respirando, eso era todo lo que había.

Noches atrás me había pedido que me acercara hasta su rostro para poder escucharlo, el fétido olor que despedía impresionaba. Esa noche decidió despedirse de mí dejando claro que no era mi enemigo y que me amaba, algo que no me extrañó luego de vivir enfrentados desde mi estúpida adolescencia. Y me pidió un extraño favor: Deseaba poder comerse una arepa, cosa que la inflamación interna le impedía por lo que quiso verme comiéndome dicho platillo criollo, quería que lo hiciera con gusto, como si él fuese el comensal. Fue la cena más amarga de mi vida, sentado en la vieja mesa, a cada mordisco se me iba el ánimo y una que otra lágrima se me escapó para rodar por mi cara.

Con tantos recuerdos atrapados en mi mente y su consecuente dolor entre pecho y espalda, llegué al hospital para pronto reunirme con mi pequeña familia. Me contaron cuánto costó conseguirle una cama, la sala de emergencias estaba abarrotada y mi madre en su desesperación utilizó un último recurso: Arrodillarse frente a un médico para pedir que falleciera con algo de dignidad. Y así fue.

Pude entrar a verlo unos minutos, aunque inconsciente no se veía tan mal. Tomé su mano tibia y por unos minutos lo disfruté, todo parecía un sueño, uno malo y nada indicaba que iba a despertar. Pasada la medianoche mientras esperábamos afuera, nos sorprendió un alboroto en la sala donde estaba papá. Alguien había fallecido y me preguntaba quién podría ser tal desafortunado, hasta que un desconocido que también esperaba noticias de algún familiar recluido me prodiga una palmada en la espalda y me dice: Sentido pésame.

Me impactó tal hecho, mucho. Pero le devolví una sonrisa para decirle: -No amigo, que equivocación. Mi papá está allí, debe tratarse de otra persona.

Mi esperanza no duró mucho, en segundos llamaron a los familiares de mi padre y solo así supe que todo era cierto, no había un sueño fatal, ni una pesadilla mal vivida, había llegado el momento de despedirme de mi héroe, del hombre que intentó hacerme hombre y no pudo, más por mi terquedad que por sus habilidades, mas por mi idiotez que por su perseverancia y más por mi inmadurez que por su amor.

Y así regresamos a la casa sin él pero en su vehículo, para confirmar que ya nada era igual. Todas sus cosas por todos lados. Cada quien a lo suyo y a seguir. El llanto me asaltó explosivamente mientras golpeaba la mesa buscando consuelo y la única voz que escuché fue la del entonces fiel esposo de mi hermana, quien me dijo:

-Coño, el viejo se nos fue...cuñao.

Y así fue. A 28 años de esa noche, lo recuerdo. Gracias por leerme.

-Sheikong-


viernes, 2 de septiembre de 2022

YO TAMBIEN (Microrrelato, Sheikong)


Suena el celular en la elegante oficina:

-Está todo listo.

-¡Me caga cada vez que me llamas por acá! Pero dime...¿Todo va a salir como te lo pedí?

-Si, claro...solo hay una novedad Señor Meyer, su esposa está con el niño.

-¿Cómo es la vaina?

-Sí, como lo oye. Lo buscó en el colegio y llevan toda la mañana juntos, esto cambia el precio.

-¿Cómo que lo cambia? ¿Que coños estás pensando hacer?

-Mi trabajo, solo que serán unos cinco mil más.

-¿Cinco mil? Ya te adelanté venticinco mil y el resto cuando termines.

-Hice este viaje para cumplirle y debo irme hoy mismo Señor Meyer.

-¡Pero mi hijo no estaba en el trato, ni se te ocurra tocarlo!

-No le voy a devolver el adelanto, usted lo sabe.

-Lo que quiero es que lo hagas ya, pero no delante del niño...por favor.

-Lo siento, no puedo esperar mas y estan en el sitio acordado, es ahora o nunca.

-No, no lo hagas entonces.

-Hagamos algo, me lo llevo y lo negocio en la frontera, dejé así los cinco mil que le mencioné

-¿Pero que clase de plasta de mierda eres tu chico?

-La que usted contrató Señor Meyer, le estoy buscando soluciones.

-¿No puedes esperar hasta mañana o el sábado?

-No puedo, tengo un encargo para mañana, algo importante.

-Esta bien...hagamos algo, no hagas un coño, desaparece de mi vida y me devuelves la mitad.

-Un trato es un trato y yo se lo advertí, no devuelvo nada.

-¡Eres una porquería! ¿Lo sabías?

-No soy menos que usted Señor Meyer, al menos yo no le haría esto a mi esposa, le llevo una ventaja moral.

-¡Paja! ¡Pura paja es lo que dices! No quiero saber de ti, no me nombres y nunca nos conocimos ¿Eso si lo entiendes?

-Entendido Señor Meyer. Me largo pues.

Pasados unos minutos lluego de la llamada, repica el otro teléfono, el de siempre, el confiable.

-¡Hola amor! Deberías venirte, el parque esta precioso y solito. Tu hijo está fascinado ¿Tienes mucho trabajo?

-Si...si tengo...pero disfruten ustedes, pasen por acá para almorzar.

-¡Perfecto! ¡Alguien se va a alegrar mucho!

-Los espero, te dejo...estoy algo ocupado.

-Te quiero mucho amor.

-Yo tambien.

FIN

domingo, 21 de agosto de 2022

LA CASA -By Sheikong-


 

La casa sigue oscura y contaminada de sombras. Han transcurrido unos cuatro meses o cinco tal vez, estoy confundido.  El penetrante olor a madera podrida sigue allí, esperándome en cada rincón, apenas coloqué un pié dentro supe que la humedad reinaba y se alzaba declarando su dominio, ya no son mis alergias sino esa capa delgada y fría que recubre las paredes, que al principio me asqueaba y ahora soy parte de ella.

El silencio pesa, aplasta y carece de metáfora, es mucho tiempo sin percibir sonidos.  No hay pájaros ni andar de carretas, la brisa no zumba y el viento apenas sopla.  El sopor me adormece e inevitablemente me vence mientras las gotas de sudor ruedan por mi cara y buscan cada rendija de mi piel, cada pliegue para quemar.  Mis ojos arden, puedo sentirlo aunque los tengo apenas abiertos.

Sé que nada me salvará y lo que me está matando prefiere jugar conmigo, así como apaga las velas de madrugada y golpea la puerta de los escaparates dejando marcas de uñas. A donde voy se clava en mí esa mirada que escudriña curiosa ante cada movimiento y lo se: Ya somos como uno. Perdí todo interés en salir, no me siento un prisionero pero tampoco disfruto mi encierro, sé que está mal, muy mal y nadie atravesará el umbral ni habrá rescate, acá me encontrarán si tengo suerte.

Los días no son mejores que las noches, ni me alientan a luchar.  No recuerdo en que momento abandoné toda idea de huir, todo ánimo de seguir, espero el momento fatal con la poca lucidez que me permite fantasear con la idea de mi final, que hasta ahora ha sido lento, denso, oscuro y dosificado a cuentagotas como una solución maligna.

Cuidar a mi madre ya no me interesa.  Sus quejidos no me preocupan y apenas si puedo conmigo, paso días sin entrar a su habitación y el hedor inunda parte de la casa, de niño ella me cuidaba, limpiaba mi mierda, me vestía y me alimentaba, pero ahora no le puedo corresponder, mis pies pesan toneladas y mis brazos han perdido masa muscular, no parezco un hombre joven, no parezco siquiera un maldito hombre.

Quiero morir antes que ella, la deuda moral y sus acreedores se pueden ir a la puta ahora mismo y me da igual.  Malayo el día que crucé esa puerta, me cago en aquella tarde que me ofrecí a cuidarla visiblemente emocionado delante de mis hermanos.  Me hubiese quedado a enfrentar mi divorcio como un adulto en vez de hacer este estúpido viaje a ningún lado, pero la oferta era muy tentadora: No todos los días te ofrecen escapar al dolor, a la vergüenza de la separación y al rechazo a cambio de unos pocos meses en la quietud del campo cuidando a tu anciana madre.  Ahora somos dos agonizantes, inmigrantes de la existencia.  Sé que ella está viva y que yo estoy muriendo, eso me enloquece igual que este calor que hace que todo sea más lento, que no me perdona y me crucifica a cada minuto. 

Las primeras moscas en aparecer acá me sorprendieron y me mantuvieron alerta, ahora están en todos lados, todo está cubierto de ellas.  Me da igual si sus pupas revientan aunque los zumbidos son atronadores, es quizá el único sonido que escucho mientras disfrutan mi sudor. Mi boca está seca, mis labios están cubiertos de una pasta amarillenta, pegajosa y maloliente, para mí es lo mismo, llevo años sin besar a alguien, me podrían quemar los labios, destrozarlos y nadie los extrañaría.

Creo que la casa me observa con suma maldad y que mi madre se arrastra por las noches amparada en la oscuridad, los rasguños en el piso no son míos y cada día aparecen más.  El olor a mierda la delata, tiene meses cagada encima.  Y sé de su amor, un vaso con agua sobre la mesita de la sala le delató, fue la última vez que ingerí algo y que la casa lo permitió, maldita casa.

Por momentos dejo de respirar, comencé a sufrir una apnea de poca monta, de las peores, tímida y débil, no debería llamarse apnea pues no me ahoga, no es asesina, no hace nada, solo está allí, casa de mierda. Apnea de mierda.

Si pudiera quitarme la vida lo haría, si me pudiera ahorcar no lo dudaría, deseo atorarme con algo en mi garganta y no realizaría el más mínimo esfuerzo de conservación, pero no sucede.  Sofocado con el vapor de la humedad, el calor y mi sudor espero que algo me vuele por los aires y me estrelle contra la pared de la vieja biblioteca cuyos libros están tan perdidos como yo, pero el plan de la casa es otro.

Sin mutilación ni heridas me mantiene vivo, sin fuerzas ni ánimo me va aniquilando. Escucho los quejidos de mi madre que se pasean por mis oídos y se clavan en mi cerebro como agujas, hacen que los minutos sean horas, las horas días, los días semanas y las semanas finalmente meses, así de lento es el espíritu de esta mierda de casa, me cago en mí y en el momento que pisé esta tumba. La poca energía que conservo aun me permite recordar al desgraciado poeta aquel cuyo nombre no recuerdo:

"Y el castigo se volvió gozo, mi carcelero nunca lo imaginó y yo tampoco"

Me hizo sonreír.  Ojalá y se muera.

FIN


sábado, 20 de agosto de 2022

EL BRUÑIR DEL TIEMPO -Sheikong-

 


Los albores de nuestra historia contemporánea dan para albergar toda clase de personajes notorios dentro de un catálogo variopinto aderezado con gestas heroicas que van desde la liberación de esclavos, la independencia de toda una nación, el civismo como muro de contención, el avance de las comunicaciones, el reinado de la tecnología y más reciente la tan cacareada conquista del espacio y la extrema liberación sexual.

Tal es el caso de Nicasio Arboleda, quien realmente se llamaba Teódulo Villamizar, para luego darse a conocer como Régulo Sánchez-Vicario y más recientemente como Arturo de la Corte, pero evitemos cualquier asomo de confusión: Todos son el mismísimo Nicasio Arboleda, no caben dudas.

Nadie recuerda cómo llegó ni cómo se instaló sin incomodar en la hermosa calle Terepaima de la Urbanización El Marqués, al noreste de la Ciudad de Caracas, capital de Venezuela, país ubicado al norte suramericano. Los vecinos solo saben que no pide nada, pero tampoco se anima a ayuda a nadie, no es conversador ni desaseado aunque sus ropas están fuera de moda para unos y muy retro y “cool” para otros.

Nicasio es parte de la cotidianidad, todos saben que allí ha estado y creen que seguirá. Siempre proyectando un carácter serio, circunspecto, pensativo. Pueden transcurrir toda clase de celebraciones mundanas, tribales y él está allí, sentado sobre la base de un gran árbol caído y que presta su truncado despojo como asiento para tal personaje.

Durante las estaciones sólo permanece incólume y estoico.  Ni la tormenta que arrecie logra espantarlo, igual suerte corren el frío intenso decembrino, el aire seco del mes de abril y el calor desesperante de Agosto. No hay dudas que con su presencia reta a la naturaleza misma desde sus cimientes y por consiguiente a la pasajera humanidad.

Toda clase de obsequios reposan a su alrededor, desde platillos descompuestos y bebidas evaporadas hasta ropajes y frazadas.  Nada ha sido considerado por él, lo que desconcierta a todos, desanima a muchos y causa una curiosidad malsana en otros. De lejos se asemeja a un altar con sendas ofrendas a sus pies mientras él continúa inmóvil a excepción de sus párpados que lo delatan de inmediato, si lo observas cada tanto.

Y no es de extrañar toda esta situación que raya y descansa en lo descabellado. Es fácil entender porque nadie sabe o recuerda algo, pasan las generaciones y apenas sobreviven los comentarios que han dado paso a los mitos y conjeturas de todo orden y que pocos adeptos generan.  Debe saberse que la genuina verdad es que este hombre de origen impreciso, ha permanecido demasiado tiempo allí como para que alguien tenga pruebas, la humanidad es efímera, pasa y sigue su curso. Aunque ha sido notado por más de trescientos años, no hay quien ate cabos, nadie hace la pregunta correcta ni se dirige en la dirección debida. La existencia ha cambiado en tanto tiempo, pero para Nicasio no. Todo se le presenta en la misma forma y principios, el clima y los mirones, todo. ¿Será el bruñir del tiempo sobre la templanza de la vida? ¿Será el dolor que espanta a la muerte? Será.

sábado, 30 de julio de 2022

EL MONO APACIBLE -By Sheikong-

 


Richard y Marla ostentaban entre sí un amor secreto, quizá el más discreto en toda la historia de las pasiones humanas.  No hacían daño a nadie y así lo preferían, ambos compartían la dirección del Proyecto Nivel 42, un programa artístico ambicioso que exigía la mayor compostura en lo profesional y personal. De allí sus elaborados planes para disfrutarse mutuamente los cuales comprendían toda una elaborada estrategia exitosa, hasta  el viernes pasado.

Luego de disfrutar una cena de carácter laboral pero pasada de copas, corrieron como niños a amarse en aquel motel, su preferido. Era el único que conocían con el sistema de circuito cerrado fuera de servicio, lo que les aseguraba el anonimato.

Cambiar de auto, de ropa, de rutas, el uso de lentes, gorras y otros implementos eran la llave de su éxito y con excelente resultado. Esa noche no iba a ser menos, ya en la cama, en pleno acto amatorio y con Marla encima de él, algo no andaba bien, Richard está sudando excesivamente hasta presentar unos espasmos que en pocos minutos lo llevaron a la muerte. Si, a la muerte y en una habitación de hotel clandestina dentro de una relación no menos.

Marla tardó minutos en reaccionar y por más que lo intentó con técnicas básicas, no pudo reanimarlo. Luego de un llanto profuso y minutos de reflexión, tenía un plan. Esto sería la catástrofe del Proyecto Nivel 42 y para ella sería el fin de años de esfuerzo. Hay programas y patrocinantes que no perdonan esta clase de deslices.

Ya no es un asunto de amor o pasión truncada, ni de perder a un compañero valioso, ahora hay que sobrevivir porque en pocas horas será de día y los lobos no perdonan, Marla sólo tiene una frase en su mente: “Fue bonito mientras duró”. 

Como toda mujer exitosa que cuida los detalles, recordó los guantes de polipropileno que siempre lleva en su bolso, así como el alcohol que utilizó para borrar las huellas que pudo del cuerpo de él, de “todo su cuerpo”.  Recogió cualquier evidencia posible mientras se maquillaba y arreglaba su cabello, para ese momento el cadáver estaba envuelto una sábana, perfectamente amarrado y listo para ser trasladado.

Eran las 3:52 de la madrugada cuando Marla llevó a rastras a su otrora amado y compañero hacia el vehículo en la parte posterior del Motel. No había ni un alma pero sí muchos nervios. Sintió un escalofrío al escuchar la voz del recepcionista quien estando de espaldas le gritó desde un cuarto al fondo del pasillo:

–¿Desean un poco de café antes de irse? ¡Acabo de colarlo!

–¡No, gracias!–Responde Marla apresurando el paso–¡No me provoca y él lo acaba de dejar!

El auto utilizado esa noche para su escapada romántica era un modelo viejo y discreto, cuyos trucos para abrirlo y encenderlo solo los conocía Richard. Aun así, lo logró en un tiempo asombroso. Con el cuerpo ya sobre el asiento de atrás, le retiró la blanca sábana y lo recostó suavemente.

Ya en el camino y sorteando todas las complicaciones para hacer andar el auto, manejó veloz con la mente en blanco rumbo al edificio donde se conocieron tiempo atrás y aun vivían, pero en apartamentos separados.  Siempre fue así.

Solo un detalle: Aunque se condujo lejos de la avenida principal, no pudo evitar un operativo policial propio de la hora en un viernes alocado. Sonrió como pudo a los oficiales y mostró sus credenciales buscando zafarse, pero un oficial no pudo resistirse a alumbrar dentro y preguntar:

–Señorita ¿Qué tenemos acá? A ver…mascarilla, guantes…perfecto. ¿Y el caballero?

–Tiene mala bebida…pero se acabó.

–Más le vale, el alcohol puede reducir sus expectativas de vida.

–Opino igual.

–Si hay alguna irregularidad puede denunciarla, lo ponemos en custodia hasta que despierte.

–No hace falta, créame que no beberá más.

–Suena bien, ahora sigan adelante, ¡Esta noche parece no terminar!

Marla no podía ya con tanta tensión, afortunadamente el resto del camino estuvo despejado. Antes de llegar a su destino, se detuvo un par de minutos para despedirse amorosamente:

“Gordo, gracias por todo lo que hiciste por mí.  De verdad fue mucho el apoyo que me brindaste, ahora nos separamos…espero sea hermoso para ti y que yo pueda seguir con todo. Fueron tiempos bellos, de muchas satisfacciones y créeme que te voy a extrañar, pero eras tú o yo y Dios decidió llamarte. Ahora que puedo ser sincera sin que me interrumpas, si lo pienso bien yo me labré mi propio camino, estaba capacitada y con el ánimo correcto, fué mi idea y es cierto que me apoyaste pero te convenía, te digo esto sin condenarte. Seguiré adelante y el proyecto será cada vez más grande y tendrá mi nombre, mi marca. Este es el Adios amor mío”

Con gran delicadeza entró al estacionamiento, sabía muy bien cuál era el puesto del auto, todo. Al ser un viejo edificio nuevamente se resguardaba sin sistema de cámaras pero no debía confiarse, las viudas de sueño ligero funcionan mejor que un circuito cerrado. Y así lo deslizó hasta uno de los banquitos contiguos al garaje, lo sentó suavemente, le lanzó un último beso y se retiró caminando sin apuro.

El cadáver de Richard causó un revuelo inédito en toda la cuadra, no por su carisma sino porque no hubo explicación alguna, ni testigos y los registros de las cámaras de la calle, sólo mostraron la imagen lejana y difusa del auto llegando, nada que pudiese ayudar. El resultado de la autopsia arrojó algo que nadie de su círculo íntimo esperaba: Una mezcla de alcohol con sildenafilo de 50 miligramos, una combinación contraindicada pero que llevó a la siguiente conclusión: Debido a una falla hepática, a un cálculo nada moderado alojado en la vejiga, al exceso de trabajo y estrés, Ricardo tomó la pastilla para potenciar su vigor sexual sin seguir la primera regla preventiva, todo por no fallarle a Marla, la amaba, pero no contó con una falla cardíaca nunca diagnosticada.  Esto llevo a los investigadores al siguiente punto, solo que nunca apareció una segunda persona, ni se le conocía relación alguna.

Marla se casó seis meses después y su proyecto se hizo cada vez más grande junto a su nombre, siempre recordó a su amante secreto y no pudo sacar de su mente aquella noche, donde para poder seguir adelante tuvo que solaparse en un silencio conveniente, mordaz. Richard quedo bautizado por los vecinos indolentes como “El mono apacible”, por la posición como fue encontrado.  El banquito aún permanece allí.

FIN

miércoles, 25 de mayo de 2022

WOLF (Sheikong, Caracas 2022)

 

Capitulo Uno / El Ciclo Natural

–Por acá está el sujeto de nuevo Doctora Giner–Interrumpe el inspector en el consultorio–

–Gracias inspector Murillo, por favor entren–Responde afable la doctora–

–Deme un minuto para esposarlo a la silla, será rápido.

–Disculpe inspector, pero lo necesito sin esposas como siempre, dentro de mi consultorio es mi paciente, no es un reo.

–Es el protocolo y por su seguridad además, este hombre está acusado de varios asesinatos perpetrados con sus manos, no puedo quitarle las esposas.

–No voy a proceder con el diagnóstico mientras mi paciente se encuentre así.

–Doctora, en ese caso me quedo acá con ustedes, es un riesgo.

–Eso tampoco lo puedo permitir, es una consulta de carácter confidencial como todas, lo que se va a hablar requiere un clima de confianza, no va a ser posible con usted dentro.

–Le recuerdo que estas consultas las paga el estado, solo requerimos cumplir con las formalidades para encerrar a este engendro, por favor avancemos Doctora.

–Debo pedirle que le libere de las esposas y espere afuera, puede quedarse junto a la puerta inspector, le llamo si lo necesito ¿Estamos de acuerdo?

–No estoy de acuerdo, pero allí estaré aunque esto se hace bajo su responsabilidad.

Liberado de las esposas que tanto le apretaban, el Señor Wolf se sienta frente a la doctora mirando al piso, como quien busca algo o quizá observa las cadenas en sus pies mientras se hace masajes sobre el daño en la piel de sus muñecas.

–Comencemos entonces Señor Wolf, ¿Le puedo seguir llamando sólo Wolf?

–Como guste, es importante que usted se sienta cómoda conmigo–Responde fríamente levantando la mirada hacia su interlocutora, abriendo sus grandes ojos azules–

–Esto va a ser muy rápido Wolf, intercambiaremos impresiones mientras lleno estos formularios, luego podrás irte con el inspector, seguramente pasarás un tiempo recuperándote en el Psiquiátrico de Sebucán, es un sitio muy tranquilo.

–¿Recuperarme de qué doctora? Hice lo único que podía hacer, nada más.

–Wolf, tienes varios homicidios en tu expediente. Personas inocentes que tenían una vida por delante, allí están las pruebas, los testigos, tu testimonio…todo listo para condenarte.

–Usted lo llama homicidio, nosotros lo llamamos “ciclo natural” ¿Ve la diferencia?

–¿Te parece un ciclo natural desgarrar personas y arrancarles la piel?

–Ustedes aún no lo comprenden, es cuestión de tiempo.

–¿Qué debemos comprender? ¡Que desgarraste a tus víctimas con alguna herramienta filosa y les destrozaste la cara a todos! Es cuestión de horas para que encuentren con que hiciste semejante tarea.

–No fue una herramienta filosa doctora, usted es más inteligente que ellos, lo sabe.

–Ah si…declaraste haberlo hecho con tus manos y tus colmillos, pero tu dentadura es tan común como la de cualquiera y tus manos solo son fuertes, no hay presencia de garras o algo que se le parezca.

–Cuando va a suceder, solo pasa doctora. No lo controlamos.

–Hablas siempre en plural, ósea que tienes cómplices, pero no es mi área, eso lo determinarán en el comando, yo solo hago el informe.

–No somos cómplices, es un concepto impreciso, somos hermanos y no de ahora, el llamado es de sangre y solo lo atendemos, no son homicidios doctora es “control de población” también.

–A ver: “Ciclo natural” y “Control de Población” ¿Sabes que no encuentro un orden todavía? Cuatro mujeres y dos hombres: Dos latinas, una caucásica, una anciana, un afro descendiente y un obeso. ¿Qué sigue? ¿Niños?

–No doctora, los principios son muy claros: Ni animales, ni niños.  Y no hay patrones.

–¿Quién te da las indicaciones?–Le pregunta la doctora cruzándose de brazos–

–No busque polemizar, como le dije antes usted es mucho más inteligente que ellos, deje eso para los detectives, a ellos les pagan por perder el tiempo con esas nimiedades.

En ese momento son interrumpidos por el inspector, quien abre la puerta un poco y pregunta si todo está bien, a lo que la doctora responde positivamente y le indica que queda muy poco, unos minutos quizá.

–Señor Winston Waldemar Wolf Wagner, también llamado como el “Ciudadano W” ¿Está usted consciente del procedimiento médico del cual es objeto y del por qué se encuentra en este instituto?

–No me agrada ese remoquete, no soy el “Ciudadano W”, me pueden llamar solo Wolf y no hay ningún proceso, solo una serie de arbitrariedades para justificar sus errores, ustedes no ayudan ni salvan a nadie, allá fuera la población pide a gritos ser controlada ¿Y qué hace el estado? Los políticos están tan confundidos y asustados como todos, solo que resguardados, son incapaces de tomar medidas que detengan la superpoblación, la contaminación, el abuso hacia los animales, la destrucción del planeta y la suciedad en la que nos hemos hundido. No pueden doctora. Por eso estamos acá.

–Wolf, ¿Crees ser una especie de héroe lobo o tienes gran afinidad con estos seres?

–No sé con certeza lo que soy doctora. Quizá usted me pueda ayudar con eso aunque creo con firmeza que los políticos son los verdaderos depredadores.

–Wolf, creo que hemos terminado por hoy. ¿Quieres decirme algo más? Dejé en blanco el cuadro de “Comentarios del paciente” porque creo que lo has dicho todo, pero si gustas anoto.

–Sólo que la voy a visitar pronto doctora, puede anotar eso.

–No lo haré Wolf, eso no es un comentario. ¿Acaso me estás amenazando?

–No es una amenaza, es una promesa–Sentencia Wolf aderezando el comentario con una sonrisa que deja ver la armonía de sus dientes con el resto de su perfecto rostro, en otra vida podría ser un modelo de catálogos o un actor famoso, el dejo de su incipiente barba le da un ligero aire de descuido que combina muy bien con su larga y rubia cabellera, nada mal para un asesino, pensó la doctora–

–¡Inspector! Por favor retire al paciente, acá hemos terminado, muchas gracias por su paciencia, yo misma entregaré el informe y los soportes esta tarde.

Y así sucedió, el Señor Wolf no la atacó dentro del consultorio, ni trató de escapar.  Quizá su plan debe ser aún mayor, con altas expectativas. No es un hombre que busque la notoriedad, más bien es un idealista que cree ciegamente en la voz que cree escuchar y como buen hijo de un militar, no duda en obedecer. Ofreció sus manos al inspector para ser esposado nuevamente, no se quejó ni opuso resistencia, su actitud era de entrega pero no hay que confundirse: El señor Wolf va por más, eso es seguro.

Capitulo Dos /  El Ciudadano W

Transcurrieron seis semanas exactas desde la última cita, cuando un escándalo sacudió a la ciudad de Caracas, la noche del cuatro de junio del año 1990 fueron encontrados heridos de gravedad dos enfermeros de guardia y un vigilante nocturno, todos con el rostro destrozado y visibles heridas en todo su cuerpo, en cuestión de horas se supo del escape del “Ciudadano W”, no le hizo falta romper rejas, ventanas ni barrotes, de alguna forma ya no estaba. El vigilante y uno de los enfermeros fallecieron a causa de las heridas, el otro sufrió un paro respiratorio mientras era intervenido.

La doctora fue contactada nuevamente, esta vez para poder indagar en los detalles de la consulta reciente, cualquier pista es buena cuando no se sabe por dónde comenzar:

–Buenos días doctora, le habla Murillo, el inspector–Se escucha al otro lado del auricular–

–Si Murillo, sé quién y se también el motivo de la llamada, ¿No pudieron contenerlo?

–Estaba bajo cuidado clínico y sedado, ignoramos otros detalles.  Ahora necesitamos su ayuda doctora, lo que nos pueda decir podrá ayudar a capturarlo o evitar otra desgracia.

–No creo, aquella consulta fue breve y puntual, encontré al mismo disociado que reflejaban los informes, lamento decirle que no tengo nada para ustedes salvo que se cree licántropo, escucha una voz que le dice que hacer, está seguro y orgulloso de su labor y no se va a detener, nada más inspector pero eso ya ustedes lo sabían. ¿O me llama por otro motivo?

–Doctora, sabemos que la va a visitar, ignoramos cuando lo hará y hay que tomar las previsiones.

–¿Ustedes grabaron la consulta? ¿No respetan el derecho de confidencialidad inspector?

–No le debo explicaciones pero si hay vidas en riesgo no podemos hacerlo, son las normas y también tememos por su seguridad.

–¡Pues no sé cuándo vendrá! ¡Ni sé si va a cumplir su promesa! ¡Ahora que andan de fisgones, envíen una unidad y no pierdan el tiempo!

La casa de la Doctora Giner estuvo vigilada día y noche, dos guardias diurnas que se intercalaban y una nocturna compuesta por cuatro agentes, nada sucedía sin que lo supiera el estado, por más incómodo que resultara era necesario en estas circunstancias, se había llegado a una situación muy tensa sin pistas, ni testigos, ni nuevos asesinatos, nada. Las únicas personas en la enorme casa eran la doctora y su hijo de seis años, además de un pastor alemán llamado “Belga”, por recomendaciones de los cuerpos de seguridad se mudaron a una sola habitación mientras pasaba la contingencia, el Señor Wolf no podía esconderse por siempre y estaba todo dispuesto para recibirlo.

Capitulo Tres /  Ni Animales, ni Niños

Tres semanas después de los hechos, todos bajaron la guardia en alguna forma, el estado siempre es eficiente a su manera y con una clara tendencia a relajarse que propicia las oportunidades menos afortunadas, eso es una verdad.  El día miércoles 24 de junio parecía un día cualquiera acompañado de una noche común como tantas otras, la doctora Giner estaba inquieta desde el día del incidente, ella estaba segura que Wolf iba a cumplir su promesa, de otra forma no la hubiese hecho. Esa misma madrugada recibiría la visita que tanto evitaba, mientras era distraída con pequeños sonidos provenientes de la cocina, que inevitablemente la despertaron y la llevaron a revisar, lo encontró a su regreso   desnudo y sentado plácidamente en la cama al lado de su hijo Gabriel, quien dormía plácidamente.

–Buenas noches doctora, le he cumplido.

–Wolf ¿Qué hiciste? ¿Era necesario?–Le pregunta paralizada desde la puerta de la habitación–

–Ya no podía seguir allí y no me iban a liberar, tenía que ser así.

–“Belga” no ladró, eso es muy extraño ¿Le hiciste algo?

–No doctora, no hizo falta. Él sabe reconocer la ascendencia, está tranquilo y está bien.

–Estas desnudo Wolf, ¿Qué pretendes?

–¿Ahora la perturbo doctora?

–“Ni animales ni niños” eso recuerdo Wolf, espero que lo sostengas.

–Recuerda usted muy bien pero su cría está a salvo, vine a despedirme, aunque no es la primera vez que la visito pero hoy quise hablarle.

–¿Has estado antes acá? Lo imaginaba.

–Todos observamos lo que nos agrada, lo que nos causa placer y eso no hay que impedirlo, es usted una mujer muy hermosa pero ya no tengo tiempo.

–¿Qué piensas hacer? ¿A dónde vas?

–Nos vamos, es nuestro momento, la voz nos llama pero volveremos doctora.

–¿Se van todos? ¿Por qué no nos dejan en paz?

–Alguien debe controlar, eso ya lo hablamos.

–Wolf…¿Si estás consciente que no eres un lobo? ¿Lo sabes?

–Le respondo con una pregunta doctora: ¿Entonces cómo explica mi vida? Sé bien lo que he hecho y no son actos humanos.

–Eso trato de explicarme Wolf…déjate ayudar.

Wolf se levantó con delicadeza de la cama, no por evitar despertar al niño sino que así era su andar: Sigiloso, delicado y de pasos inaudibles. Mientras se acercaba a la doctora, la luz de afuera bañó su cuerpo y lo pudo ver con claridad, muy fuerte y bien formado, una vez más pensó que era un asesino muy particular. Él se acercó a ella lo más que pudo, tomó su tiempo para olfatearla, comenzó por su cuello, su cabello recogido y luego su cara. Ella podía sentir su calor, su olor y quizá algo más, su desnudez la inquietaba no por deseo propiamente sino por un natural impulso a observar e interpretar, a querer saber más aunque se reconocía en franco peligro junto a su hijo.

–¿Cómo me ubicaste Wolf?–Apenas si pudo preguntarle con voz temblorosa–

–Fue fácil hallarla, seguí su rastro doctora. Usted despide un olor muy particular–Le susurró al oído–Es imposible ignorarla.

La doctora Giner temblaba y Wolf lo sabía, experimentaba por vez primera una mezcla de temor y al vez una curiosidad malsana por conocer las intenciones reales del prófugo. Habían transcurrido más de diez meses desde que lo diagnosticó por vez primera, sumando las entrevistas preliminares y el resto de las consultas eran ya unos nueve encuentros donde había hurgado desde su niñez como hijo único plagada de las complacencias de un padre con poder, sin tiempo para él y con la ausencia de la madre, pasando por una adolescencia sin límites de ningún tipo hasta llegar a esta etapa adulta confusa, contradictora, roída emocionalmente y dañada para siempre.  ¿Cómo llegó a convertirse en una bestia de ese calibre? ¿Dónde estuvo el punto de quiebre? ¿Cómo establecer el orden exacto de los eventos que le llevaron a esta transición? Esa y muchas dudas rondaban su mente, solo que por el momento se encontraba a centímetros de un homicida desnudo y altamente volátil, si daba los pasos correctos podría contar la historia.

–Wolf es mejor que te vayas, afuera hay agentes…bueno, si aún están vivos, evitemos lo peor, son muchas desgracias, no queremos eso.

–Adiós doctora, volveré. No tenga miedo, no de mi–Le dijo mirándola fijamente a los ojos en medio de las sombras del cuarto–

–No lo puedo evitar. Ahora vete antes de que pase algo.

Wolf se dio la vuelta solo para observar al niño, en un par de segundos salió de la habitación y en unos minutos ya no estaba, la doctora cayó arrodillada al suelo presa del miedo y la tensión recién vivida, allí permaneció varios minutos antes de sucumbir.

Del Señor Wolf no se supo nada más, ni de tantos homicidios inexplicables. El caso quedó como expediente abierto a la espera de la captura o de cualquier novedad que se le pudiera sumar, la seguridad fue retirada paulatinamente y la ciudad de Caracas volvió a su ritmo habitual de tráfico, smog, movimiento, confusión, locura y claro, crímenes de todo tipo y homicidios horrendos, sólo que esta vez tenían otros autores un poco más predecibles.

Esta historia realmente continuará.

FIN